Hay cosas de mi trabajo que me fascinan, por ejemplo, que una historia se pueda contar de manera visual a través del maquillaje.
La semana pasada estuve participando en la grabación del corto “La chica de la piscina” -no sé si es el título definitivo, creo que el director tampoco…- de Jose Manuel Roig y como en casi todos los rodajes, no pude pasarlo mejor.
Conmigo había un equipo de peluquería y vestuario con el que hubo una buena conexión en seguida y fue todo un gusto trabajar con ellos.
El rodaje fue especialmente duro por el hecho de que había que grabar gran parte de las escenas de noche, lo que nos hizo tener que pasar un par de noches trabajando hasta el amanecer.
El maquillaje tiene un papel esencial en la trama de la historia, pues es un reflejo de las vivencias de la protagonista, Anita, que empieza queriendo ser mayor, y se le acaba yendo de las manos.
El maquillaje va cambiando conforme ella va viviendo diferentes experiencias y es un reflejo de la decadencia paulatina que sufre su personaje.
Esto supone que hay que tener un control exhaustivo del maquillaje de cada personaje en cara escena, pues tiene que ser exactamente igual en cada repetición, y además, debe seguir una evolución con respecto a la duración del corto.
Y en segundo lugar, hay que estar al tanto de los retoques, que deben ser rápidos, sobre todo en la escena del amanecer, la cual fue la más dura, tanto para la actriz como para maquillaje y peluquería, ya que el sol sale, y no entiende de maquillaje ni peluquería.
En resumen, muchas horas de espera, muchos retoques y muchos buenos momentos. En cuanto se estrene el corto ya os diré dónde se puede ver.



